Antonio Magliabecchi

Antonio Magliabecchi o la biblioteca humana

Antonio_Magliabecchi
Antonio Magliabecchi no fue real hasta cumplidos los cuarenta. De niño no pasaba de ser un proyecto, un embrión de lo que luego llegó a ser. Tuvo una madre que se ocupó de enseñarle las cuatro reglas, un latín rudimentario y algunas nociones de dibujo. Le echó al mundo en cuanto emplumó y respiró aliviada cuando supo que entró como aprendiz de orfebre en un pequeño taller de Florencia. Nada sabemos de los años infantiles de Magliabecchi, pero algo brillaba en aquel concentrado aprendiz que llamó la atención del bibliotecario del Cardenal Leopoldo de Médici. Desconocemos si cuidó de Antonio como si fuera su hijo –por amor–, o por llevar a cabo un curioso experimento, pero le enseñó griego y hebreo, y consiguió que su dominio de latín fuera más que aceptable.

Nuestro hipotético benefactor hubo de presenciar, como el que riega una planta carnívora o cría un tigre, el monstruoso despertar del fenómeno. Debió quedar fascinado viéndole devorar libro tras libro durante días enteros sin ganas de comer ni de dormir…Lee más...