Maldición eterna a quien lea estas páginas

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Hacía siglos que buscaban el Libro. Todo empezó como un vago rumor, apenas un cuchicheo de biblioteca. Al principio únicamente se supo el título, De tribus impostoribus –De los tres impostores–. Alguien ensayó un leve argumento; otro consiguió recordar una frase memorable:

Tres personas hay en el mundo que han corrompido a los hombres; un pastor –Moisés–, un médico –Jesús– y un camellero –Mahoma–.

De esta manera comenzó su existencia fantasmal, y no hubo bibliotecario en la cristiandad que no fuera consultado, ni anaquel que no fuera fatigado. Muchos obispos mandaron dar vuelta a los armarios, y los abades más diligentes ordenaron revisar los estantes más oscuros, allá donde ningún monje había alargado su mano el último siglo…Lee más...