Una velada inolvidable

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En aquella época Etretrat era un bonito pueblo pesquero en la costa normanda. Barato, pintoresco y a orillas del Canal. No es extraño que se convirtiera en refugio de ingleses acomodados que buscaban emociones fuera de su país. Allí pasaba el verano un joven de dieciocho años llamado Guy de Maupassant; pero no pienses en él como el escritor que luego fue, amigo lector…

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Tres asesinatos literarios

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La pluma es más letal que la espada. A diferencia de ésta, las palabras pueden matar en la distancia o en el tiempo, como la magia, y si son lo suficientemente venenosas, incluso pueden secar el alma de su víctima, condenándola para siempre. A veces, las palabras también dan la vida y alumbran nuevas personas de papel que echan a andar por el mundo, más verdaderas que las de carne y hueso.

Arthur Conan Doyle no sabía de la misteriosa potencia de las letras cuando creó como divertimento a Sherlock Holmes en 1887. Al principio acogió con una sonrisa las muestras de cariño que recibía por las andanzas de su nuevo hijo, pero con los años Doyle se sintió prisionero en la tarea de imaginar todo un mundo para lucimiento del detective. "Sherlock, Sherlock… –refunfuñaba– Me carga hasta su nombre". La revista Strand exigía ansiosa más y más aventuras de Holmes, hasta que Doyle resolvió plantarse. Exigió una cifra exorbitante para que le dejaran en paz, y para su sorpresa, Strand aceptó. Doyle se enfrentó a la secreta decepción de ser el autor en lengua inglesa mejor pagado de su época, mientras sufría la tortura cotidiana de convivir con aquel hijo odioso…Lee más...