Una nota al margen

fermat
Toma, querido lector, una docena de huevos. Separa la mitad para freír una tortilla. Podrán faltar los huevos, el fogón o el cocinero, que la mitad de doce siempre resultará seis. Podemos imaginar más mundos. Algunos negros y fríos, tan viejos que ya nadie recuerda cuándo murió su última estrella. Otros con distintas leyes y diferentes ritmos, inestables y fugaces como pompas de jabón, pero concluir otro resultado es inconcebible. La misteriosa naturaleza de los números sugiere que son más auténticos que las montañas y las personas, que existen incluso fuera del tiempo y del espacio, más reales que la divinidad, cuyo íntimo ser se nos escapa por definición. No hay nada más evidente que un número. Paradójicamente, los números son innumerables. Algunos hombres se ven atraídos hacia ellos como las limaduras de hierro al imán y se ocupan en buscarles relaciones y parentescos, construyendo minuciosas genealogías en un intento de poner orden en la infinita familia…Lee más...

El oscuro secreto de Blaise Pascal

Blaise_Pascal
A veces surge gente tan especial, tan superior, que uno busca un propósito especial en su existencia. Ése fue el caso de Blaise Pascal, propietario al mismo tiempo del mayor cerebro de su época y de un temperamento oscuro y difícil. Su padre cuidó de darle una educación esmerada. Le enseñó griego, español, latín y gramática. Sospechando su brillantez, le prohibió estudiar matemática, pues suponía que el infinito mundo de los números podía gastar su mente. Hubo de resignarse cuando vio que a su hijo de doce años le bastaba un tizón y una pared para demostrar una de las proposiciones de Euclides: Pascal era matemático, lo mismo que otros son altos o morenos.

Los hallazgos se sucedieron a partir de entonces y su primer trabajo serio, Ensayo sobre cónicas, fue tan avanzado que Descartes nunca perdonó que su autor fuera un desgarbado muchacho de dieciséis años…Lee más...

Los inabarcables cuadernos de Ramanujan

ramanujan_pasaporte
Una mañana de enero de 1913 en Cambridge, el matemático Godfrey Harold Hardy comenzaba su desayuno como todos los días, sentado apaciblemente a la mesa mientras revisaba la correspondencia, cuando una carta con remite de la India y escrita con una curiosa letra picó su curiosidad.

Estimado señor: Permítame presentarme como oficinista del departamento de contabilidad de la oficina del puerto de Madrás, con un salario anual de sólo 20 libras. Tengo unos 23 años. No tengo estudios superiores, pero he hecho el bachillerato. Acabado éste, dedico mi tiempo libre a las matemáticas. No sigo el método habitual que se sigue en un curso universitario, sino que estoy abriendo mi propio camino. He hecho un…

Lee más...